miércoles, 19 de febrero de 2014

Garganta Verde

Un tobogán al inicio del recorrido.
por Jesús F. Rodríguez Carrasco

N36 48.917  W5 24.275, estas son (aproximadamente) las coordenadas de La Ermita, una enorme cueva abierta al Arroyo de Bocaleones que nos da la bienvenida a la Garganta Verde, en la provincia de Cádiz.

Este angosto cañón quizás sea la cicatriz más hiriente del Parque Natural Sierra de Grazalema. Con algo más de 3 kilómetros de longitud podría considerarse una de las joyas del espacio natural, casi un emblema, y un atractivo para los amantes de los deportes de aventura.

El Arroyo del Pinar, que procede de las faldas del famoso pinsapar, es el que inicia el proceso geológico de formación de la garganta y que una vez alcanza los grandes paredones verticales toma el nombre de Bocaleones, aunque bien es cierto, que en algunos textos, el Arroyo de Bocaleones adquiere su nombre a partir de las surgencias que aparecen al final de la misma. Sea como fuere, es increíble pensar cómo un arroyo de estas características ha sido capaz de excavar tan impresionante hito.
Valle del Arroyo del Pinar con el San Cristóbal al fondo.
Observando la naturaleza del terreno cabe pensar en dos posibles orígenes para esta formación. Para algunos el arroyo aprovechó una falla para excavar, a través de los siglos, el lecho del mismo, profundizando cada vez más hasta alcanzar las dimensiones que tiene hoy en día. Otros dicen que el arroyo erosionó el lecho hasta encontrarse con formaciones subterráneas ya existentes, provocando un hundimiento y abriendo éstas a la luz del día. Es lógico pensar en estas dos ideas, y más cuando uno desciende por el sendero que nos lleva al fondo del arroyo y observa las grandes oquedades que aparecen en mitad de los paredones verticales. Fuentes más oficiosas hablan de la creación de "cuevas de meandro" como causa principal de la formación del cañón. El agua desgasta el terreno más blando en un recodo del arroyo, horadando cavidades que después sucumben ante el peso de los materiales.

Paredones verticales de la Garganta Verde.
Estalactitas en el cauce del arroyo.
En un principio el arroyo parece uno más, un poco más cerrado y ya está. Pero en cuanto llegas a La Ermita, es donde de verdad uno se da cuenta de las dimensiones de la garganta, haciéndonos pensar en lo que hay más abajo. Y sí, avanzando por el cañón se llega a algunos puntos donde la altura de las paredes alcanza casi los 400 metros de altura, pudiendo en otros puntos tocar las dos paredes del cañón con las manos.

Aquí se aprecian las verdaderas diemnsiones de la cueva de la Ermita.
El nombre de Garganta Verde no está puesto porque sí. La vegetación que puebla sus paredes es el motivo de ello. Aún en verano, la humedad que allí rezuma permite el crecimiento de especies vegetales que no podrían subsistir más arriba. Adelfas altísimas (Nerium oleander), higueras creciendo de grietas minúsculas (Ficus carica), hiedras tapizando las rocas (Hedera helix), acantos (Acanthus mollis), robustos y verdísimos; almeces (Celtis australis), creciendo de las paredes; algún que otro laurel (Laurus nobilis), los espectaculares tonos verdes y azulones de las vincas (Vinca diformis) y los metálicios durillos (Viburnum tinus) son algunas de las maravillas botánicas de este lugar. Hay que destacar también la presencia de Rupicapnos africana subsp. decipiens, que se encuentra catalogada como “En Peligro de Extinción” por la Lista Roja Andaluza, que encuentra en estos paredores húmedos y con óxido de hierro su hábitat ideal.

La exuberancia se hace notable en las paredes.
Otro aspecto importantísimo de la Garganta Verde es su población de rapaces, con una colonia de buitres leonados (Gyps vulvus) que alcanza números elevadísimos y que sobrevuelan continuamente el cañón. Otras especies, no menos importantes, que con suerte se pueden ver son el águila perdicera (Hieraaetus fasciatus) y el halcón peregrino (Falco peregrinus), ambas catalogadas como especies “Vulnerable” a la extinción en el Libro Rojo de los vertebrados amenazados de Andalucía. Otras aves como la paloma bravía (Columba livia) y la chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) anidan en sus paredes, acompañando en todo momento el descenso por la garganta.

En fin…, recovecos imposibles, enormes buitres, saltos vertiginosos, escandalosas chovas, quiebros en el arroyo, enormes adelfas, toboganes resbaladizos, palomas bravías, agujeros grandes y pequeños, laureles, pilones, surgencias, veloces halcones… todo lo que uno quiera imaginar.

Y para el que se atreva, un descenso divertido y altamente recomendable.

Rapelando para continuar con el descenso.

NOTA: recordad que para bajar hasta la Ermita o hacer el descenso íntegro de la garganta hace falta autorización. El descenso integral de la garganta ha de hacerse con el material y las medidas de seguridad adecuadas.

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